La inteligencia artificial empieza a pasar de generar respuestas a coordinar tareas. El cambio implica herramientas, permisos, límites y nuevas formas de decidir qué queremos delegar.
Las plataformas pueden relacionar búsquedas, interacciones, movimientos y otros rastros de nuestra actividad para construir patrones. Esa lectura puede ser útil y sorprendentemente precisa, aunque nunca tenga todo nuestro contexto.