Una ubicación aislada puede decir poco. Al relacionarse con horarios, identificadores y otros registros, puede empezar a revelar recorridos, lugares frecuentes y patrones de movimiento.
La actividad en internet deja patrones que los algoritmos pueden analizar para estimar intereses y preferencias. La ciencia ayuda a entender hasta dónde llega esa capacidad y cuáles son sus límites.