Pasamos buena parte de nuestra vida en el entorno digital: trabajamos, estudiamos, nos entretenemos e informamos a través de una pantalla. Cada día recibimos una “avalancha” de noticias sobre acontecimientos internacionales, desastres naturales, avances científicos, nuevos liderazgos políticos o incluso el meme más popular del momento.
Dicha información no llega a nosotros por casualidad. Cada mensaje tiene un propósito: informar, persuadir, entretener o despertar una reacción. Como seres sociales, solemos compartir aquello que nos sorprende, nos emociona o confirma nuestras creencias. Por eso resulta importante comprender qué tipo de contenido estamos consumiendo.
Conocer la diferencia entre información, opinión y propaganda no significa desconfiar de todo lo que vemos en redes sociales. Significa desarrollar las herramientas necesarias para preguntarnos qué estamos leyendo, por qué llegó hasta nosotros y qué intención puede haber detrás del mensaje.
¿Todo lo que vemos en internet es información?
No necesariamente. Aunque solemos asociar internet con información, en realidad ahí conviven muchos tipos de contenidos.
En el entorno digital circulan datos, opiniones, rumores, publicidad, propaganda, entretenimiento e información periodística. La diferencia radica en el proceso mediante el cual ese contenido fue producido, verificado y presentado al público.
La UNESCO explica que el periodismo tiene como finalidad ofrecer información de interés público basada en hechos. Antes de publicar una noticia, el trabajo periodístico incluye investigar, verificar datos, contrastar fuentes, contextualizar los acontecimientos y presentarlos de forma comprensible para la audiencia.
En otras palabras, la información periodística, entonces, ofrece algo más que el relato de un hecho: explica lo sucedido mediante datos comprobados y un contexto verificable.
La opinión interpreta los hechos
Imagina que lees dos titulares sobre un mismo acontecimiento.
“El Congreso aprueba la reforma.”
“El Congreso consuma un grave retroceso.”
Ambos se refieren al mismo hecho, pero cumplen funciones distintas. El primero describe un acontecimiento; el segundo incorpora un juicio de valor que orienta la interpretación del lector. Ahí aparece la opinión: el espacio donde los hechos se encuentran con la mirada, los argumentos y la postura de quien escribe.
La Oxford Research Encyclopedia of Communication señala que los artículos editoriales emplean una voz institucional con intención persuasiva y buscan intervenir en el debate público, tanto entre la ciudadanía como entre quienes toman decisiones políticas.
En un artículo de opinión, el autor expone su punto de vista e intenta mostrar por qué sus argumentos merecen consideración. Una persuasión responsable se construye mediante razones, evidencia, contexto y análisis.
La propaganda busca orientar percepciones
La propaganda también intenta influir en las personas, aunque opera con una lógica diferente. Su propósito central consiste en orientar ideas, emociones o comportamientos para favorecer una causa, un gobierno, una organización, un movimiento o una ideología. En lugar de abrir distintas perspectivas, suele conducir a la audiencia hacia una conclusión específica.
La propaganda puede apoyarse en información verdadera. Su fuerza aparece muchas veces en la selección: destaca los datos que fortalecen su mensaje y deja fuera elementos capaces de matizarlo o cuestionarlo.
Un caso ampliamente estudiado ocurrió durante las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2016. Diversas investigaciones documentaron campañas digitales que utilizaron redes sociales, sitios con apariencia informativa y estrategias de segmentación para intervenir en la conversación pública, amplificar divisiones y favorecer determinadas narrativas políticas.
La propaganda dentro del entorno digital
La combinación de redes sociales, algoritmos de recomendación, bots e inteligencia artificial permite que ciertos mensajes alcancen grandes audiencias en pocos minutos. Esto facilita que la propaganda alcance millones de personas en cuestión de minutos y contribuya a fenómenos como la polarización y la formación de cámaras de eco: entornos donde predominan contenidos cercanos a las ideas, emociones o preferencias de un grupo.
Estas dinámicas forman parte de un ecosistema informativo en el que la repetición, la segmentación y la circulación de ciertas narrativas pueden modificar la conversación pública.
En Network Propaganda: Manipulation, Disinformation, and Radicalization in American Politics, se analizó cómo la desinformación y determinadas estructuras del entorno digital han contribuido a una “crisis epistémica”: un escenario donde la pérdida de referentes compartidos dificulta distinguir entre información confiable y narrativas manipuladas.
Vivimos rodeados de mensajes. Algunos informan, otros expresan opiniones y otros buscan persuadirnos. Aprender a distinguir entre ellos no significa desconfiar de todo, sino desarrollar un pensamiento crítico que nos permita decidir con mayor libertad qué creer, qué compartir y qué cuestionar.
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Desde la investigación
- La UNESCO vincula el periodismo con información de interés público basada en hechos, verificación, contraste de fuentes y contexto.
- Los estudios sobre opinión editorial destacan su intención persuasiva y su papel dentro del debate público.
- Benkler, Faris y Roberts analizan cómo la propaganda y la desinformación digital pueden fragmentar los referentes compartidos de una sociedad.
- Redes, bots, segmentación algorítmica e inteligencia artificial amplían la velocidad y el alcance de los mensajes persuasivos.
▏Ada Sepúlveda es columnista en MentePost con análisis sobre cultura digital y comunicación.
