Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) avanzan de manera acelerada, pero también lo hacen la desinformación y las llamadas fake news o noticias falsas, capaces de afectar la reputación de personas, marcas, empresas e incluso influir en el ámbito político.
Ante la enorme cantidad de información que tenemos a nuestro alcance, es cada vez más fácil caer en engaños. Y este problema no pertenece a una generación en particular: puede afectar a adultos mayores, integrantes de la generación X, millennials o generación Z.
De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), entre 2015 y 2024 la población mexicana de 6 años y más que utilizó internet pasó de 57.4% a 83.1%. Es decir, el uso de internet aumentó 25.7 puntos porcentuales en ese periodo. Este crecimiento muestra un entorno cada vez más conectado y, al mismo tiempo, más expuesto a grandes volúmenes de información.

¿Podemos confiar en nuestros ojos?
Gracias al avance de la tecnología, aquello que antes habría resultado evidentemente imposible o irreal puede aparecer ahora frente a nuestros ojos con un sorprendente nivel de realismo.
Con la inteligencia artificial podemos encontrarnos con imágenes, audios y videos de acontecimientos que nunca ocurrieron. Aunque sabemos que “los osos no se comen a la Luna”, cuando nuestros ojos nos muestran algo aparentemente real, nuestra mente intenta comprender lo que acaba de ver. Distinguir entre realidad ficción, edición, sátira, manipulación o contexto incompleto puede convertirse entonces en un verdadero desafío.
Vale la pena destacar que la inteligencia artificial es una herramienta que ha aportado soluciones y beneficios en numerosos ámbitos de nuestra vida cotidiana. Sin embargo, como ocurre con otras tecnologías, también puede utilizarse para crear contenidos engañosos, desinformar, perjudicar a otras personas o simplemente generar interacciones, reproducciones y clics.
Todos conocemos las llamadas fake news o noticias falsas; sin embargo, la UNESCO recomienda evitar este término, ya que, si la información es falsa, no puede considerarse propiamente una noticia. Además, asociar constantemente la palabra “noticia” con contenidos falsos puede contribuir a generar desconfianza hacia el periodismo y los medios de comunicación que trabajan bajo criterios de verificación y rigor informativo.
La difusión masiva de contenidos falsos o engañosos también puede favorecer la polarización, generar confusión y dificultar que las personas distingan la información confiable de aquella que busca manipularlas.
Ante este fenómeno, la UNESCO utiliza el término “desinfodemia”, entendido como una epidemia de desinformación que se propaga rápidamente y que puede afectar nuestra capacidad para tomar decisiones informadas.
Entonces, ¿cómo evitar caer en la desinformación?
Evitar la desinformación no significa vivir con miedo frente a todo lo que circula en internet. Significa aprender a reconocer señales, revisar el contexto y hacer una pausa cuando un contenido parece demasiado urgente, emocional o convincente.
La Universidad de las Américas Puebla (UDLAP) recomienda revisar quién publica la información, comprobar el sitio, buscar otras fuentes, desconfiar de contenidos que solo apelan a la emoción y analizar imágenes, videos o audios antes de compartirlos.
A esa lógica se puede sumar una práctica muy útil en alfabetización digital: la lectura lateral, trabajada por Stanford, que consiste en salir de la página original para revisar qué dicen otras fuentes confiables sobre ese sitio, autor o afirmación.
Verificar información no significa desconfiar de todo: significa hacer una pausa antes de creer, reaccionar o compartir.
Estos hábitos pueden ayudar a mirar mejor la información antes de amplificarla.
- Revisa quién publica la información y cuándo. Verifica el nombre del autor, la fecha de publicación y quién se responsabiliza por el contenido.
- Comprueba el sitio y su dirección. Algunos portales imitan el diseño o incluso el nombre de medios reconocidos para parecer confiables.
- Busca la información en otras fuentes. Comprueba si medios periodísticos reconocidos, fuentes oficiales o servicios de noticias también están informando sobre el mismo acontecimiento.
- No des por verdadera una información solamente porque la comparte un influencer. Tener miles o millones de seguidores no convierte automáticamente a una persona en una fuente confiable.
- Busca las fuentes originales. Si una publicación menciona un estudio, una institución, una declaración o determinadas cifras, intenta localizar el documento o la fuente de donde provienen.
- Ante un video, investiga su contexto. Un video puede ser auténtico y, aun así, utilizarse para desinformar. Comprueba si se trata de un fragmento de un acontecimiento más amplio, cuándo fue grabado y si realmente corresponde al hecho que se está narrando.
- Compara la información. Revisa cómo presentan el mismo acontecimiento diferentes medios y analiza las coincidencias y diferencias.
- Ante un audio, busca su origen. Investiga quién lo publicó por primera vez y si existe alguna fuente que permita comprobar su autenticidad.
Antes de creer, hazte tres preguntas
En un entorno digital donde incluso nuestros ojos pueden ser engañados, quizá la pregunta ya no debería ser únicamente: “¿este video es falso?”.
También deberíamos preguntarnos:
¿Puedo comprobar que lo que estoy viendo ocurrió realmente? ¿Cuándo ocurrió y quién afirma que ocurrió? ¿Existe una fuente confiable que confirme el contexto?
Estas preguntas ayudan a cambiar la relación con la información. En vez de reaccionar solo por impulso, nos invitan a revisar el origen, contrastar datos y pensar en las consecuencias de compartir algo sin verificar.
En un mundo donde la tecnología avanza día con día y tenemos una cantidad prácticamente infinita de información al alcance de un clic, desarrollar pensamiento crítico se ha convertido en una herramienta indispensable.
No se trata de sospechar de todo, sino de aprender a mirar con más atención.
Antes de reaccionar, creer o compartir, investiga. Busca el origen, revisa el contexto y contrasta la información. A veces bastan unos minutos para evitar que un contenido engañoso llegue a más personas.
La tecnología seguirá avanzando y la desinformación también encontrará nuevas formas de presentarse. Por eso, más que memorizar una lista de reglas, necesitamos desarrollar un hábito: mirar con calma, preguntar mejor y verificar antes de amplificar.
En otras palabras: convertirnos, cada vez más, en una especie de Sherlock Holmes digital.
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Desde la investigación
- UNESCO propone hablar de desinformación para describir mejor los contenidos falsos, engañosos o manipulados que circulan en entornos digitales.
- INEGI muestra que el uso de internet en México creció de forma importante entre la población de 6 años y más, lo que amplía la exposición cotidiana a información digital.
- UDLAP recomienda revisar autoría, fecha, sitio, fuentes, imágenes, videos y audios antes de creer o compartir contenido.
- La lectura lateral, trabajada por Stanford, ayuda a evaluar una fuente al buscar qué dicen otros sitios confiables sobre ella.
- La verificación digital no depende de una sola señal: requiere pausa, contexto, contraste y responsabilidad antes de compartir.
▏Ada Sepúlveda es columnista en MentePost con análisis sobre cultura digital y comunicación.
