Cada barrio tiene historias que permanecen en sus calles, en los oficios que han cambiado, en las celebraciones de sus habitantes y en las experiencias de quienes han visto transformarse su comunidad. Algunas forman parte de los registros oficiales, mientras otras se conservan en conversaciones, documentos familiares y recuerdos que pocas veces llegan a un archivo público.
Hoy algunas de esas historias encuentran nuevos espacios en internet. A través de archivos digitales, fotografías, grabaciones y testimonios, distintas comunidades mexicanas están reuniendo materiales que permiten conocer su pasado y comprender las transformaciones de los lugares donde viven.
Lo interesante es que estos proyectos van más allá de conservar documentos. También buscan que las propias personas participen en la construcción de los relatos, aporten información y decidan qué aspectos de su historia consideran importantes para compartir con las siguientes generaciones.
Las historias que guardan nuestros barrios
En el sur de la Ciudad de México encontramos dos experiencias que muestran cómo la tecnología puede contribuir a conservar la identidad de las comunidades. Una de ellas se desarrolla en Xochimilco, donde Archivo Mixtli reúne fotografías, videos y audios relacionados con la cultura de esta región y sus comunidades cercanas.
Su propuesta parte de una necesidad concreta: disponer de un espacio ciudadano donde los materiales digitales puedan consultarse, organizarse y conservarse. El archivo contempla colecciones sobre la vida cotidiana, las fiestas del pueblo, la arquitectura y los paisajes que forman parte de la historia local.
Pero almacenar una fotografía es apenas una parte del trabajo. También importa conocer quién la realizó, cuándo fue tomada y qué representa. Por eso, Archivo Mixtli promueve la catalogación y las descripciones que permiten comprender las imágenes dentro de su contexto original.
Esta diferencia resulta fundamental cuando pensamos en las historias que otras personas conservan sobre un lugar. Una fotografía de una calle puede mostrar edificios y personas, pero quienes conocen su historia pueden explicar qué actividades se realizaban ahí, cómo cambió el paisaje o qué significado tenía ese espacio para sus habitantes.
Cuando un barrio organiza su memoria
También al sur de la capital, en Santa Úrsula Coapa, una comunidad del sur de la Ciudad de México cuya historia suele relacionarse con el Estadio Azteca. Sin embargo, mucho antes de convertirse en una zona reconocida por el futbol, ese territorio tuvo una vida rural, actividades agrícolas y formas de organización vecinal que también merecen ser conocidas.
Para recuperar esa historia, habitantes de la comunidad y estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México colaboraron en la creación del Archivo Comunitario del Ejido Viejo de Santa Úrsula Coapa.
El proyecto reunió documentos, fotografías, mapas y testimonios que permiten conocer distintas etapas del territorio. En una presentación de sus avances, realizada en diciembre de 2024, se informó sobre la digitalización de 427 documentos conservados por vecinos. Posteriormente, el trabajo dio lugar a una exposición virtual incorporada en 2026 a la plataforma Memórica.
La iniciativa también tiene una dimensión de investigación social. Cecilia Peraza Sanginés, de la UNAM, documentó en un trabajo académico publicado en la revista EntreAções el proceso de colaboración entre universidad y comunidad para recuperar la memoria histórica del Ejido Viejo frente a los cambios urbanos y los procesos de gentrificación.
Lo significativo es que los habitantes participan en la recuperación e interpretación de sus propias experiencias. Los archivos permiten conocer las transformaciones del territorio desde una perspectiva que incorpora la vida cotidiana, las relaciones vecinales y las historias de quienes han formado parte de ese lugar.
Así, un archivo digital puede convertirse en algo más que una colección de materiales históricos: también puede ser un espacio donde una comunidad reconoce y explica su propia transformación.
Una comunidad también construye su memoria cuando decide qué historias quiere conservar.
La posibilidad de contar nuestra propia historia
La tecnología ofrece otra oportunidad cuando permite que las personas produzcan directamente sus testimonios. En lugar de depender exclusivamente de una entrevista, un documental o un relato elaborado por terceros, pueden participar en la creación de los contenidos que representarán sus experiencias.
Esta es una de las ideas que impulsa Narrateca para la justicia social, un proyecto de investigación desarrollado por especialistas del Tecnológico de Monterrey, la Universidad Autónoma de Coahuila y la Universidad Autónoma de Nuevo León.
La iniciativa contempla una plataforma digital donde integrantes de comunidades históricamente poco representadas puedan construir narraciones mediante audio, video, texto e imágenes. También incluye talleres para desarrollar habilidades de creación digital y acompañar a quienes desean compartir sus experiencias.
Uno de sus planteamientos más importantes es que las comunidades tengan la posibilidad de elegir qué quieren contar y cómo hacerlo. Esto incluye decisiones sobre los formatos, el tratamiento de los testimonios y la protección de las personas participantes.
La tecnología también puede ayudar a combinar diferentes recursos en una misma narración. Una voz grabada, una imagen, un video y un texto pueden ofrecer perspectivas complementarias de una experiencia, mientras que los medios digitales permiten compartir esos contenidos con públicos que se encuentran lejos.
Narrateca continúa desarrollándose como proyecto de investigación, pero su propuesta plantea una cuestión relevante para la cultura digital: la importancia de que las comunidades participen en la creación y las decisiones sobre las historias que circulan acerca de ellas.
Una memoria que puedan conocer las próximas generaciones
Conservar estos materiales también representa un desafío tecnológico. Los formatos cambian, los programas dejan de utilizarse y los archivos pueden perder información sobre su procedencia cuando circulan sin descripciones. Por eso, la permanencia de una colección digital requiere organización, mantenimiento y decisiones sobre su acceso.
Una guía de archivística digital comunitaria elaborada por Ehécatl Cabrera Franco, de la UNAM, plantea que estos archivos deben construirse colectivamente, respetando los ritmos y las decisiones de quienes participan. La propuesta incluye herramientas accesibles para organizar materiales y facilitar su consulta sin separar el trabajo técnico de las necesidades de la comunidad.
En México también contamos con plataformas como Memórica, México haz memoria, que reúne documentos, fotografías, audios, videos y testimonios procedentes de diferentes colecciones públicas y privadas. Estos recursos amplían las posibilidades de conocer aspectos de nuestra historia que antes requerían consultar archivos dispersos.
Sin embargo, conservar una historia implica pensar en algo más que su almacenamiento. Importa mantener la información que ayuda a comprenderla, respetar los permisos de quienes participan y reconocer que algunas experiencias necesitan espacios de acceso limitado.
En esta semana exploramos cómo las fotografías pueden adquirir nuevos significados, cómo las redes sociales participan en nuestros recuerdos y cómo el Día de Muertos encuentra nuevas expresiones digitales que llevan una tradición mexicana a otros lugares del mundo.
Los archivos comunitarios amplían ese recorrido hacia otra dimensión: las historias de los barrios, pueblos y grupos que construyen nuestra identidad colectiva.
Cada testimonio, documento o grabación puede ayudar a conocer cómo se vivía en un lugar, qué acontecimientos transformaron a sus habitantes y cuáles son las experiencias que desean transmitir.
La historia de una comunidad sigue construyéndose cada día. Los espacios digitales pueden ayudar a conservar sus voces para que otras generaciones también tengan la oportunidad de escucharlas y continuarla.
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Desde la investigación
- Peraza Sanginés (vol. 2024), EntreAções. Documenta una experiencia de investigación y colaboración entre la UNAM y habitantes del Ejido Viejo de Santa Úrsula Coapa para recuperar su memoria histórica frente a las transformaciones urbanas.
- Cabrera Franco (2025), UNAM. Guía de archivística digital comunitaria que explica cómo organizar y gestionar colectivamente archivos respetando las decisiones, los ritmos y la memoria de sus participantes. Recurso difundido por la UNAM en 2026.
- Archivo Mixtli, Preservación Digital Comunitaria. Proyecto de Xochimilco que explica la importancia de catalogar fotografías, videos y audios, conservar su contexto y atender los riesgos de obsolescencia tecnológica.
- UNAM (2026), Archivo Comunitario del Ejido Viejo de Santa Úrsula Coapa. Presenta la exposición virtual y el trabajo colaborativo de vecinos y estudiantes para recuperar las transformaciones históricas y la vida cotidiana de la comunidad.
- TecScience (2026), Narrateca para la justicia social. Describe un proyecto en desarrollo que busca facilitar la creación de testimonios digitales por las propias comunidades, con acompañamiento y medidas de protección de sus participantes.
