La inteligencia artificial puede reproducir características o el tono de una voz y generar nuevas imágenes a partir de referencias de una persona. Una grabación, una fotografía o una interpretación pueden servir para producir contenidos en los que alguien parece volver a hablar o aparecer, aunque nunca haya participado en esa nueva creación.
Estas posibilidades ya alcanzan a la publicidad, el cine, el doblaje, la música y la comunicación digital. Una voz puede utilizarse para generar nuevas frases; un rostro puede aparecer en situaciones distintas de las originales; una interpretación puede adaptarse a otros contenidos.
El cambio tecnológico plantea una cuestión que va más allá de conseguir resultados convincentes: quién decide cuándo, dónde y para qué puede utilizarse la voz o la imagen de alguien.
Una voz puede continuar después de la grabación
Para un locutor, actor de doblaje o intérprete, la voz forma parte de su identidad profesional. Su trabajo incluye controlar el ritmo, la intención, las pausas y la manera de expresar un mensaje. Detrás de una frase aparentemente sencilla existe una interpretación construida mediante experiencia y decisiones creativas.
Pensemos en una campaña publicitaria que utiliza la voz de un profesional para anunciar un producto. La grabación se realiza, se entrega y cumple la función acordada. Tiempo después, esa misma voz podría utilizarse como referencia para generar nuevos mensajes o modificar frases mediante IA.
Para quien produce el contenido, esto abre posibilidades de adaptación y distribución. Para el profesional, aparecen decisiones sobre el alcance de su participación, los mensajes asociados a su voz y las condiciones de utilización.
En México, locutores y actores de doblaje han llevado esta discusión al espacio público, especialmente ante casos de reproducción de voces sin autorización. El debate también alcanza la remuneración y el reconocimiento del trabajo que existe detrás de una interpretación.
Nuestra imagen también puede tener nuevas versiones
Con la imagen sucede algo semejante, aunque las posibilidades se extienden a más espacios de nuestra vida digital.
Una modelo que participa en una campaña de ropa podría aparecer en nuevas composiciones creadas con IA, con distintos escenarios, prendas o expresiones. Un actor podría participar mediante una representación digital en escenas adicionales. En ambos casos, las condiciones acordadas adquieren especial relevancia.
También ocurre fuera de la actividad profesional. Las fotografías y los videos que compartimos contienen rasgos reconocibles de nuestra apariencia. Esos registros pueden servir como referencias para recrear un rostro o situarlo en imágenes y situaciones diferentes.
La tecnología amplía así las formas en que una persona puede estar representada. Una fotografía deja de ser únicamente el registro de un momento y puede convertirse en referencia para nuevas apariciones.
Parecerse a alguien también comunica algo
Una voz reconocible transmite familiaridad. Un rostro puede estar asociado con determinada persona, profesión o trayectoria. En ocasiones, esas características adquieren un valor construido a lo largo del tiempo.
La voz de un intérprete puede quedar vinculada a un personaje. Una locutora puede formar parte de la identidad sonora de una marca. La imagen de un actor o creador también puede despertar asociaciones específicas entre sus audiencias creando un vínculo emocional.
Cuando la IA reproduce esos rasgos, el contenido generado puede aprovechar parte de ese reconocimiento. Una recomendación comercial, una frase publicitaria o una aparición audiovisual adquieren otro significado cuando parecen provenir de alguien que conocemos.
La semejanza puede reproducirse mediante tecnología; la participación, la intención y la autorización pertenecen a decisiones diferentes.
Autorizar también implica decidir el alcance
El consentimiento adquiere un nuevo peso cuando una voz o imagen puede utilizarse para generar contenidos adicionales. Participar en una grabación, aceptar una sesión fotográfica o autorizar una réplica digital pueden involucrar acuerdos distintos. Importa conocer qué se producirá, dónde circulará, durante cuánto tiempo podrá utilizarse y bajo qué condiciones.
Para los profesionales, también entran en juego la remuneración y la posibilidad de revisar o autorizar nuevos usos. Una campaña puede cambiar de formato, territorio o finalidad, y esas modificaciones pueden requerir acuerdos adicionales.
En México, una reforma publicada en mayo de 2026 incorporó disposiciones sobre el uso de voz e imagen de artistas intérpretes o ejecutantes mediante IA. La legislación contempla consentimiento expreso, condiciones contractuales, remuneración y acuerdos previos para determinados usos, con excepciones específicas.
Este cambio refleja una discusión que también ocurre fuera de México: cómo establecer condiciones claras cuando una representación digital puede utilizarse en nuevas producciones.
Nuestra voz y nuestra imagen pueden reproducirse digitalmente. La manera en que decidimos utilizarlas también forma parte de nuestra identidad.
La reproducción digital también abre oportunidades
Estas capacidades tecnológicas pueden ampliar el trabajo creativo mediante acuerdos entre las personas involucradas. Una voz autorizada podría utilizarse para adaptar campañas a distintos formatos o generar materiales adicionales. Una representación visual podría facilitar nuevas escenas, versiones de una producción o colaboraciones audiovisuales.
La participación profesional puede extenderse hacia nuevas funciones: interpretar, autorizar, supervisar, corregir y negociar el uso de una réplica digital. En publicidad, por ejemplo, ya existen acuerdos laborales que distinguen la creación de una réplica de su utilización posterior para generar interpretaciones.
La posibilidad de producir más contenidos adquiere otro sentido cuando quienes aportan su identidad o trabajo participan en las decisiones y condiciones del proyecto.
Nuestra representación digital entra en una nueva etapa
La voz y la imagen han sido formas de expresión, reconocimiento y presencia personal. Ahora también pueden convertirse en referencias para generar nuevas intervenciones, mensajes y apariciones. Esto amplía la importancia de establecer con claridad quién participa en una creación y qué usos han sido acordados.
La conversación que comienza con locutores, actores e intérpretes alcanza una experiencia más amplia: todos construimos parte de nuestra identidad mediante aquello que decimos y mostramos.
La tecnología puede ampliar las formas de representarnos. Conservar la capacidad de decidir sobre esa representación será una parte esencial de nuestra cultura digital.
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Desde la investigación
- EL PAÍS México, 2026. Un reportaje sobre el doblaje mexicano documenta las preocupaciones profesionales ante la reproducción de voces mediante IA.
- Diario Oficial de la Federación, 2026. La reforma publicada el 14 de mayo establece disposiciones sobre consentimiento, contratación y remuneración por determinados usos de voz e imagen de artistas mediante IA.
- SAG-AFTRA, 2025. Los acuerdos sobre réplicas digitales en publicidad distinguen su creación, autorización de uso y compensación profesional.
