La actividad en internet deja patrones que los algoritmos pueden analizar para estimar intereses y preferencias. La ciencia ayuda a entender hasta dónde llega esa capacidad y cuáles son sus límites.
Recordar una información y recordar de dónde vino no siempre ocurre al mismo tiempo. La memoria y la circulación digital ayudan a explicar por qué contenido, fuente y contexto pueden separarse.