En 2005, los investigadores Justin Kruger, Nicholas Epley, Jason Parker y Zhi-Wen Ng realizaron cinco experimentos para estudiar qué tan bien transmitimos emociones y tonos mediante correo electrónico. Encontraron una diferencia reveladora: quienes escribían tendían a confiar más de la cuenta en que su intención sería comprendida correctamente por quien recibía el mensaje.
El problema parte de una lógica sencilla. Quien escribe conoce la intención con la que eligió cada palabra. Quien lee recibe el mensaje y debe reconstruir esa intención a partir de las señales disponibles. Ahí comienza buena parte de la ciencia detrás de nuestras conversaciones digitales.
En digital, el tono se reconstruye entre palabras, señales, contexto y expectativas.
El tono se construye al recibir el mensaje
Una conversación presencial reúne voz, entonación, gestos, expresiones faciales, silencios y respuestas inmediatas. Al escribir, parte de esas señales cambia de forma y otras desaparecen del intercambio.
Esto llevó durante décadas a estudiar la llamada comunicación mediada por computadora. Uno de sus referentes, Joseph Walther, propuso en 1992 la teoría del procesamiento de información social. Su planteamiento ayudó a superar una idea demasiado simple: que comunicarnos mediante computadoras necesariamente vuelve las relaciones impersonales.
Walther observó que las personas aprenden a utilizar las señales que tienen disponibles y, con suficiente interacción, construyen impresiones, vínculos y relaciones a través de medios digitales. El lenguaje, el estilo de escritura, la frecuencia de los intercambios y otras pistas adquieren valor social.
La pantalla cambia el repertorio de señales. Nuestra capacidad para interpretarlas se adapta.
El contexto completa lo que leemos
Una misma frase admite lecturas diferentes porque cada conversación tiene historia. “Está bien” conserva las mismas palabras, aunque su interpretación cambia según lo ocurrido antes, la relación entre quienes conversan, el tema, el estilo habitual de la otra persona y las expectativas construidas alrededor del intercambio.
Esta diferencia entre intención e interpretación resulta central. El emisor parte de una experiencia interna que conoce por completo; el receptor reconstruye esa experiencia desde afuera.
Los experimentos de Kruger y sus colegas apuntaron precisamente a esta dificultad: al redactar, resulta complicado desprenderse de la propia perspectiva y anticipar cómo sonará el mensaje para otra persona. Por eso una frase perfectamente clara para quien la escribe admite matices inesperados al aparecer en otra pantalla.
Las señales digitales ayudan a orientar la interpretación
La comunicación escrita ha desarrollado su propio repertorio expresivo. Emojis, signos de puntuación, reacciones, extensión del mensaje y otras decisiones ofrecen pistas que participan en la lectura interpersonal.
La investigación con emojis muestra bien este proceso. Un estudio publicado en 2025 presentó a 260 participantes distintas conversaciones de texto y encontró que la presencia de emojis influía en la percepción de qué tan receptiva parecía la respuesta, con efectos posteriores sobre cercanía y agrado.
Otros experimentos han encontrado que los emojis facilitan la identificación de significados indirectos, precisamente porque aportan información adicional sobre cómo interpretar una frase.
Su efecto depende del contexto. Un emoji carece de una traducción emocional universal y estable; funciona dentro de una conversación, una relación y determinadas convenciones sociales.
| Capa de la conversación | Qué aporta a la interpretación |
|---|---|
| Palabras | Contenido explícito del mensaje. |
| Señales digitales | Pistas sobre tono, énfasis o intención. |
| Contexto | Información de la conversación y de la situación. |
| Relación | Expectativas construidas entre las personas. |
| Interpretación | Significado que finalmente atribuye quien recibe. |
La tabla anterior ayuda a entender algo importante: el significado final surge de la interacción entre varias capas. Las palabras siguen en el centro, acompañadas por información que orienta su lectura.
La inteligencia artificial entra en la conversación
Aquí aparece una transformación más reciente. Jeffrey Hancock, Mor Naaman y Karen Levy utilizan el concepto de comunicación mediada por inteligencia artificial para describir intercambios entre personas en los que un sistema computacional actúa sobre un mensaje en representación de quien comunica: lo modifica, amplía o genera con un objetivo comunicativo.
La definición permite mirar de otra forma funciones que ya resultan familiares: sugerir una respuesta, corregir una frase, ajustar su tono, traducirla o redactarla a partir de una instrucción.

Ese cambio abre una pregunta científica interesante. Si un sistema suaviza una frase, reorganiza un argumento o propone una respuesta, la persona que recibe el mensaje interpreta un contenido donde la intención humana ha pasado por una mediación adicional.
La investigación sobre comunicación asistida por IA ya ha encontrado que estas herramientas alteran aspectos del lenguaje y de las percepciones interpersonales, lo que ha convertido temas como confianza, autoría, presentación personal e influencia sobre las relaciones en nuevas áreas de estudio.
De asistentes a agentes
La siguiente etapa lleva la pregunta todavía más lejos.
Una línea emergente de investigación explora modelos donde agentes basados en grandes modelos de lenguaje participan de forma más activa entre dos personas. En 2025, investigadores de Japón propusieron un modelo experimental en el que cada participante conversa con un agente y esos sistemas intercambian información entre sí para adaptar posteriormente la conversación a cada usuario. Los autores desarrollaron un prototipo para estudiar las posibilidades y desafíos de esa forma de mediación; se trata de una propuesta de investigación, no de un modelo consolidado de comunicación digital.
La diferencia resulta profunda. Una IA que corrige ortografía modifica poco el proceso comunicativo. Un sistema que reformula el tono interviene más. Un agente capaz de seleccionar información, adaptarla al interlocutor y decidir cómo presentarla adquiere una nueva forma de presencia dentro del intercambio.
La comunicación deja entonces una pregunta abierta que probablemente acompañará los próximos años: ¿qué parte de un mensaje pertenece a nuestra intención y qué parte corresponde a la forma en que los sistemas digitales la interpretan y expresan?
Entender cómo interpretamos sigue siendo clave
La tecnología transforma las herramientas con las que conversamos, mientras una parte esencial del proceso permanece en quien recibe el mensaje: interpretar palabras, reconocer señales, incorporar contexto y atribuir una intención.
La IA amplía ese escenario porque empieza a participar precisamente en la construcción de esas señales. Entre lo que una persona quiere decir y aquello que otra termina entendiendo aparece una mediación con creciente capacidad para modificar lenguaje, tono y contexto.
Mirar con atención ese recorrido permite entender mejor por qué un mismo mensaje admite lecturas distintas. Escribir seguirá siendo elegir palabras; comunicarnos implica considerar todo aquello que participa en la forma en que serán entendidas.
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Desde la investigación
- Joseph B. Walther (1992): la teoría del procesamiento de información social explica cómo las personas utilizan las señales disponibles para construir relaciones e impresiones mediante comunicación digital.
- Kruger, Epley, Parker y Ng (2005): cinco experimentos mostraron que los emisores tienden a sobreestimar qué tan claramente transmiten tono y emoción mediante correo electrónico.
- Huh y colaboradores (2025): un experimento con conversaciones de texto encontró relación entre el uso de emojis y la percepción de receptividad interpersonal.
- Hancock, Naaman y Levy: su marco sobre comunicación mediada por IA estudia qué ocurre cuando sistemas computacionales modifican, amplían o generan mensajes entre personas.
- Aoyama y colaboradores (2025): propusieron y prototiparon un modelo experimental donde agentes basados en LLM median parte de la comunicación entre dos personas.
▏Por: Equipo: MentePost Research – agosto 2026 – Análisis e investigación de la cultura digital.
