Nuestra relación con las figuras mediáticas nos ha acompañado durante buena parte de la vida. Ha sido una conexión emocional, pero también útil dentro del consumo de contenidos audiovisuales y, ahora, digitales.
Antes de internet seguíamos, a través de los medios convencionales, a distintas voces y personajes que terminaban formando parte de nuestra vida cotidiana. Nos acompañaban para divertirnos, informarnos y, en cierta forma, ayudarnos a entender algunos temas, resolver inquietudes o interpretar mejor el momento que estábamos viviendo.
Al elegir ver o escuchar con frecuencia a una figura con presencia en los medios, establecíamos una especie de relación que podía durar poco o acompañarnos por años. Volvíamos porque alguien resumía bien, porque contextualizaba, entretenía, cuestionaba o hablaba de una manera que nos resultaba cercana.
Con el tiempo, esa persona podía volverse familiar y generar cierta empatía por aquello que compartía.
De espectadores a seguidores
En el entorno digital, parte de esa experiencia permanece, pero existe un matiz importante: ahora podemos marcar y, en muchas ocasiones, hacer pública nuestra preferencia. Seguimos una cuenta, nos suscribimos a un canal, activamos notificaciones o reaccionamos directamente al contenido que comunica un creador de contenido o influencer.
La constancia de esa presencia puede fortalecer la relación que construimos con ellos, aunque tampoco es suficiente por sí misma. Podemos decidir seguir o dejar de seguir y, al mismo tiempo, los sistemas de recomendación interpretan nuestras acciones para aumentar, disminuir o modificar las propuestas que aparecen en nuestros perfiles.
Dentro de esa enorme barra de contenidos presentada por los nuevos representantes “del micrófono”, también tenemos la posibilidad de elegir a quiénes queremos conservar cerca. Podemos ser exigentes e incluso tajantes con el “Dejar de seguir” o con la cancelación de una suscripción. También podemos contrastar a estas figuras con otras que mantienen presencia en medios convencionales como radio o televisión y establecer nuestros propios límites.
Esa presencia ya ocupa un lugar importante incluso en terrenos que antes asociábamos directamente con medios y periodistas. El Digital News Report 2026 del Reuters Institute encontró que 39% de las personas consultadas en México se informa a través de creadores o influencers, uno de los porcentajes más altos entre los países hispanohablantes estudiados.
El dato se refiere específicamente al consumo de noticias, pero ayuda a dimensionar hasta qué punto estas figuras digitales ya participan en nuestras rutinas informativas.
Cuando la presencia se vuelve cotidiana
Ahora contamos con muchas más posibilidades para decidir qué contenidos queremos ver y con qué frecuencia. Seguimos perfiles, temas o intereses; reaccionamos con un Me gusta, comentamos directamente un clip, reel o publicación y también podemos ignorar, silenciar o dejar de seguir.
Es decir, nunca habíamos estado tan cerca “del famoso” ni habíamos tenido tantas posibilidades de responder, aceptar, rechazar o modificar la manera en que esa presencia entra en nuestro flujo digital.
Esa posibilidad de acercarnos también modifica lo que esperamos de ellos. Ya no vemos únicamente a una figura que aparece a cierta hora en televisión o escuchamos durante un programa. Se trata de una relación más empática, porque podemos conocer fragmentos de su vida, seguir sus opiniones, coincidir en opiniones, reaccionar a lo que publica y observar cómo responde frente a temas que nos interesan.
El vínculo también modifica nuestra manera de consumir contenido. Desde los estudios de comunicación, el enfoque de usos y gratificaciones plantea que las audiencias eligen medios y contenidos según aquello que buscan obtener de ellos; en digital, esa elección puede extenderse también a las personas que seguimos.
La forma en que participamos también puede fortalecer ese vínculo. Un estudio de 2025 en Behaviour & Information Technology encontró una relación entre la interacción activa en redes sociales y la formación de vínculos parasociales con celebridades e influencers. Eso no significa que reaccionar o comentar produzca automáticamente una relación, pero sí que nuestra participación forma parte de ella.
Con el tiempo podemos tomarle cariño a alguien que nunca hemos conocido personalmente. También podemos otorgarle cierta confianza: creemos en su criterio para recomendar una película, explicar una noticia, hablar de tecnología o mostrarnos un lugar. Esa confianza tampoco tiene que ser total. Podemos valorar a una persona en un tema y poner límites en otros.
Cuando algo deja de encajar
Lo interesante aparece cuando esa expectativa se rompe. Un influencer que comienza a recomendar cualquier producto, cambia radicalmente su manera de comunicarse o sostiene algo que contradice la imagen que habíamos construido puede provocarnos una sensación muy parecida a la decepción.
Ahí se vuelve evidente que seguir a alguien nunca fue únicamente presionar un botón. Dejar de seguirlo tampoco es siempre una simple acción técnica: puede significar que algo cambió en la relación que habíamos construido con esa presencia digital.
Para decepcionarnos de un influencer, primero tuvimos que esperar algo de él.
Seguir a alguien en redes sociales puede comenzar como una decisión sencilla. Con el tiempo, algunas de esas visualizaciones se vuelven parte de nuestra rutina, aprendemos a reconocerlas y también a esperar algo de ellas. A veces permanecen; otras dejamos de seguir lo que venden como concepto o representan.
Tal vez por eso dejar de seguir a un influencer puede parecer un gesto mínimo y, al mismo tiempo, decir bastante sobre la relación que habíamos construido. Esa es una de las ventajas en este ambiente, porque en internet también podemos elegir quién puede acompañarnos.
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Desde la investigación
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- Reuters Institute. Documenta el peso de creadores e influencers en las rutinas informativas, incluido el dato de México dentro del Digital News Report 2026.
- Frontiers in Psychology, 2024. Revisa el desplazamiento de las relaciones parasociales hacia redes sociales y figuras reales.
- Behavioral Sciences, 2026. Reúne estudios sobre familiaridad, intimidad imaginada y participación en experiencias parasociales contemporáneas.
- Communication Research. El enfoque de usos y gratificaciones estudia a las audiencias como participantes activos en la selección y uso de los medios según sus necesidades y expectativas.
- Behaviour & Information Technology, 2025. Analiza cómo distintas formas de participación en redes sociales se relacionan con interacciones y vínculos parasociales con celebridades e influencers.
▏Antonio X. Sosa A. es autor de la columna ✦ Entre algoritmos, una columna de análisis sobre cultura digital en MentePost.
